Cómo afrontar la vuelta a la normalidad después de sufrir cáncer

Casi desde el diagnóstico, el enfermo de cáncer y su familia desean que la vida vuelva a la normalidad. Sin embargo, cuando el oncólogo comunica la feliz noticia de que el tratamiento ha finalizado y ya no hay que volver hasta después de unos meses para revisar que todo sigue bien, puede ser que empiece otro gran reto: volver a la vida donde se paró.

Durante meses la realidad obliga a cambiar la vida, las necesidades y prioridades. Por ello, la adaptación al entorno familiar, social, laboral una vez superada la enfermedad no es fácil. En estos momentos, es bastante frecuente sentirse desprotegido y vulnerable. Aparecen entonces nuevos retos como volver al trabajo o enfrentarse a la pérdida del mismo, vivir con algunas secuelas físicas, regresar a tener una vida social activa, a cambios en las relaciones familiares… Todas estas situaciones dificultan la normalización de la vida, ya que es frecuente sentirse como en una montaña rusa de emociones constantes.

“Mientras estaba con la quimioterapia dejé de hacer casi todo, ahora que ha acabado todo el tratamiento y que he superado un cáncer de mama me pregunto: ¿qué voy a hacer ahora con mi vida?”

A.

Después de haber pasado por la quimioterapia, la radioterapia, la cirugía, las incertidumbres, las esperas, el miedo… la persona que ha sobrevivido al cáncer ya no es la misma. Muchos aspectos internos y externos pueden haber cambiado y retomar las rutinas cotidianas tras superar un cáncer de mama, puede resultar algo más difícil de lo que se pensaba. Muchas mujeres tienen que enfrentarse día tras día a las secuelas físicas que puede haber dejado la enfermedad, provocando que ciertas actividades de la rutina diaria se conviertan en complicadas cuando antes no lo eran.

“Yo creía que iba a volver inmediatamente a mi rutina normal de trabajo; sin embargo, me estoy dando cuenta que simplemente no tengo la misma energía que tenía”

M.

Las dificultades físicas

Algunas de las dificultades físicas que pueden aparecer son:

  • Linfedema: una acumulación de líquido linfático en los tejidos adiposos justamente debajo de la piel. Puede producir hinchazón en uno de los brazos y suele ir acompañado de dolor a la movilización. Es además limitante ya que está desaconsejado hacer fuerza con el brazo afectado, llevar peso etc..
    Menopausia precoz: producida por el tratamiento lo que origina sequedad vaginal excesiva con la consecuentes dificultades en las relaciones sexuales.
    Chemo-brain (en español literalmente “quimio-cerebro”). Este término hace referencia a  cambios cognoscitivos provocados por haber recibido quimioterapia y que  incluyen dificultad con la memoria a corto plazo, trabajos múltiples, el aprendizaje nuevo, comprensión de lo que se lee, trabajar con números y una disminución en la capacidad de la concentración. Aunque estas dificultades suelen desaparece a corto-medio plazo, provocan complicaciones en la incorporación a la vida laboral habitual.

Sin embargo, estos cambios también pueden ser a mejor. Las prioridades, los valores, la importancia del auto-cuidado, la percepción de los detalles que antes podían pasar desapercibidos, cambian.

La enfermedad me ha dado mucho más de lo que me ha quitado. La vida es diferente después del cáncer, saboreo mucho más los pequeños detalles.

M.

Tu perspectiva y tus prioridades cambian, te haces más sensible, más solidaria, más humana

C.

Recomendaciones para la adaptación a la vida “normal” tras un cáncer

  1. Vivir en el presente, aquí y ahora. La práctica de mindfulness contribuye a ello.
  2. Pasar más tiempo con los seres queridos. El cáncer suele ser como un tamiz que selecciona las relaciones personales auténticas de las que no lo son.
  3. Reflexionar sobre lo que ha pasado. El tratamiento, las emociones vividas, han pasado de forma rápida sin mucho detenimiento, pararse a digerirlas ayuda a poder integrarlas y encajarlas en nuestra vida.
  4. Hablar sobre los sentimientos. Expresarlos de alguna manera, ponerles nombre, miedo, alegría, tristeza, ilusión etc…
  5. Mejorar en el autocuidado. Cuidar la alimentación, el sueño y descanso, practicar ejercicio físico,…
  6. Reflexionar sobre el cambio de valores. ¿hacia donde quiero que vaya mi vida? ¿en qué quiero invertir mi tiempo?
  7. Mantener una conducta proactiva respetando el propio ritmo. Poco a poco, sin prisas, traducir en conducta los cambios que hemos planeado hacer.

En definitiva, pese a las dificultades, es posible volver a la vida normal después de un cáncer, no igual que antes sino mejor que antes.

Fuente: https://www.efesalud.com/blog-salud-prevencion/cancer-mama-vida-despues/